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martes, 1 de noviembre de 2011

Islandia, el camino que no tomamos

(...)

Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.

(...) sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.

Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.

¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. "Las cosas podrían haber ido mucho peor" puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.

Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.

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jueves, 3 de marzo de 2011

Desmantelamiento industrial de Euskal Herria



La emblemática Babcock & Wilcox se cierra. Industria orgullo de Ezkerraldea, líder histórico del sector de bienes de equipo de prestigio internacional, llegó a tener más de cinco mil trabajadores, directos. Este cierre, junto al de Altos Hornos, La Naval, Euskalduna y el de otras importantes industrias y PYMES de Euskal Herria, cerradas o a punto de estarlo, representa una derrota para la clase trabajadora vasca y la victoria  del capitalismo, lo que ha causado el enriquecimiento de ésta y el empobrecimiento de aquélla. En unos pocos años se han destruido decenas de miles de puestos de trabajo directos y otros tantos inducidos, al dar prioridad a las inversiones especulativas, que producen beneficios rápidos a una minoría de miserables, en perjuicio de las destinadas a la producción industrial, que gestionadas democráticamente, habrían mantenido el empleo. La industria vasca ha sido sacrificada en el altar del neoliberalismo globalizado, al que rinden pleitesía los serviles políticos de Gasteiz, Iruñea y Madrid, que reprimen con crueldad las protestas. Tal día como hoy, hace treinta y cinco años, asesinaron a balazos a cinco trabajadores y herido a muchos más. Aún no se ha hecho justicia.  

En otoño de 1999, el consejero de Industria del tripartito de Gasteiz (PNV-EA-IU) Josu Jon Imaz, decía que "en el gabinete de Ibarretxe creemos en el proyecto empresarial de Babcock & Wilcox y confiamos en el futuro de esta empresa, en su producto y en su tecnología", y añadía que “su privatización puede servir para reordenar el sector de bienes de equipo en su conjunto a nivel de Euskadi". Fue un fraude.

El 30.10.99 escribía yo en GARA: "Coincido con Imaz en la importancia de B&W para potenciar el sector vasco de bienes de equipo, pero discrepo de su actitud en cuanto a que la privatización sea el camino adecuado. A mi juicio, lo más conveniente para Euskal Herria sería mantener el carácter público de la empresa, transfiriendo su titularidad, gestión y control a las instituciones vascas. Si B&W tiene futuro como fabricante de bienes de equipo y es rentable para intereses privados, también lo ha de ser para los públicos, que deben prevalecer sobre aquéllos. No sería correcto usar como pretexto la nefasta gestión soportada por esta empresa durante los últimos años. Resultaría imperdonable que el Gobierno de Gasteiz dejara pasar la oportunidad de conservar este valioso patrimonio público, y peor aún que colaborara en su privatización".

B&W terminó siendo vendida a “solventes” inversores alemanes y austriacos que incumplieron sus promesas de recuperar la empresa. Por desgracia, tras unos años preñados de despropósitos, Babcock & Wilcox se cierra. En el supuesto de que esto se confirme, habrá que controlar lo que se hace con los terrenos y demás bienes de B&W, impidiendo que sirvan para el enriquecimiento de unos rufianes. Poseen un valor  incalculable para edificar viviendas sociales u otros equipamientos de igual naturaleza. 

Sólo movilizándonos lograremos transformar la situación política, económica y social que sufre Euskal Herria. Tenemos que luchar para construir un futuro de libertad, justicia y democracia. ¡Independencia y Socialismo.    Juan Mari Eskubi Arroyo

viernes, 28 de enero de 2011

Una reflexión sobre la huelga de los controladores aéreos


sábado 11 de diciembre de 2010

Estado de alarma

Odio escribir sobre los políticos que dicen representarnos, traidores inmundos de la especie humana. Sin embargo, lo real-despreciable se impone en estas horas aciagas. Leo a amigos que aún escriben y se preocupan por la música y por la literatura, por la poesía o la filosofía, por esos espacios extraños, diferidos, en definitiva, respecto de lo real-inevitable. A mí me obsesiona ahora el gesto aquel de René Char, quien se negase a escribir mientras durase el nazismo. La escritura, dijo, no es suficiente.

Sé de la importancia del estilo, del rigor que exige la escritura, de la necesidad de revocar las formas del decir instituido. Sin embargo, hay días en que se impone el hablar claro, el abandono respecto de los juegos retóricos y las teorías. Cioran habla de cómo una noche de insomnio es capaz de destruir el más estable de los sistemas metafísicos. Yo vivo desde hace unos días algo semejante a una larga noche insomne, obsesionado por no cerrar los ojos ante lo que acontece, al terror que ya es y que se avecina.

El Estado de Alarma, hermano menor del Estado de Excepción y del Estado de Sitio, ha sido decretado por el gobierno español el 4 de diciembre de 2010. Gracias a él han quedado bajo poder militar ciertos territorios y más de dos mil ciudadanos hasta hace unos días civiles. La medida, por más constitucional que se diga, no por ello deja de poner en marcha un mecanismo fascista que supone un salto en la modalidad del ejercicio político. Decía Foucault que el fascismo no es un elemento externo a las democracias occidentales, sino precisamente una virtualidad permanente, estructural, intrínseca a nuestro sistema que se puede poner de manifiesto a la menor ocasión. Esa ocasión ya ha tenido lugar.

He visto en el televisor cómo hordas exaltadas pedían la cabeza de otros ciudadanos y gritaban en favor del despido libre. A un grupo de música en concierto arremeter, entre canción y canción, contra los trabajadores. En la panadería a gente que pedía cárcel para aquellos a quienes consideraban responsables de haberles hecho perder un vuelo y unas vacaciones. He tenido que contemplar cómo personas a las que consideraba amigos e incluso compañeros de lucha se batían en contra de trabajadores asediados. Lo había leído en Deleuze y Guattari, y en Reich. El problema del fascismo es un problema de deseo. Son las masas las que desean el fascismo. Y no sólo para los demás, también para sí mismas.

Los militares han entrado en la gestión política del Estado y de los asuntos que sólo atañen a los ciudadanos. Resolverán el problema, no tengáis la menor duda. Ya veremos quién los echa luego. Muchos de vosotros lo habéis fomentado. Vuestras críticas a los controladores aéreos no han sido sino la excusa que el gobierno ha necesitado para dar su golpe de mano. La pregunta la hizo un chaval de apenas dieciséis años en pleno Renacimiento. Spinoza no hizo sino reformularla: ¿por qué lucháis por vuestra servidumbre como si se tratase de vuestra salvación?

Decía Goethe, ya cercano a la muerte, que llevaba ochenta años intentando aprender a leer y que aún no lo había conseguido. Aprender a leer es una tarea que abarca toda la vida. Se lo digo a mis alumnos cada comienzo de curso, que saber lo que pone en un anuncio de coca-cola no es saber leer y que el sistema escolar no les prepara sino en el analfabetismo. Ahora observo sus consecuencias. El gobierno decreta el Estado de Alarma al margen de la ley que lo regula. Apenas es necesario saber juntar las letras para darse cuenta de que el sentido de la ley que define los casos que permiten la declaración de este Estado no se cumple. Sin embargo, los parlamentarios no parecen haberlo percibido. La mayor parte de la ciudadanía no parece haberlo percibido. Nadie parece saber leer.

No hace falta haber leído a Marx, pero es conveniente para entender qué diablos es una huelga, cosa que (a veces creo que deliro) todos parecen haber olvidado. La huelga no es una cuestión de derecho, ni se juega al nivel del derecho. El derecho pertenece a eso que solía llamarse superestructura. La huelga supone una intervención en la infraestructura. Así que eso del derecho de huelga es una estupidez supina. Y el asunto de los servicios mínimos no es más que un modo de desactivar el arma fundamental de los trabajadores frente a las presiones del capital, su potencia de fuga. Así que hablemos de lo que debiera ser obvio, de eso que Vaneigem llamaba banalidades de base. La huelga es un mecanismo que se sitúa en la dimensión descodificada de la lucha de clases, o, si gusta más la jerga nietzscheana, en el espacio inmanente de las fuerzas en conflicto. La huelga supone, llana y simplemente, la supresión de la relación entre explotadores y explotados, y, por tanto, la supresión de la producción de plusvalía que esa relación supone: la auto-supresión del trabajador en tanto que tal. Toda huelga es, necesariamente, eso que ahora llaman huelga salvaje: ruptura de la relación-capital, invención del comunismo. Así que déjense de gilipolleces con la historia esa de que una huelga salvaje es inaceptable y otras chorradas por el estilo. Si les parece inaceptable una huelga salvaje, al menos ya saben una cosa, saben de qué lado están, del lado de los explotadores, del lado del capital y de sus empresas. Sepan también que no me tendrán como amigo.

Pero los controladores aéreos ni siquiera han hecho una huelga, sino que se han acogido a su derecho a la salud. Freud hablaba del malestar de la cultura. La actualidad intensifica de manera exponencial dicho malestar. Gobierna, nos gobierna a través de él. Hoy que se abandona a miles de personas al paro sin subsidios al tiempo que se las responsabiliza de su situación, hoy que se hunde a la población en la precariedad extrema y se la somete al máximo estrés, hoy que para sobrevivir hemos de comer ansiolíticos, somníferos y antidepresivos en cantidades masivas, obligados como estamos a poner nuestra vida entera a trabajar para poder permanecer conectados a un sistema que nos expulsa sin descanso; los controladores aéreos están, sin embargo, impedidos por ley a consumir cualquier tipo de tranquilizante so pena de quedar temporalmente inhabilitados en sus funciones. Al mismo tiempo, el gobierno decreta una ley, otra más, que no es sólo un ataque a sus condiciones de trabajo y de vida, sino un ataque a su dignidad como colectivo y a su integridad como individuos. Hacen uso entonces de su derecho a la salud, en concreto a la salud mental, minada tras meses de ataques injustificados por parte de la empresa y del gobierno. Eso pasa a ser considerado delito de sedición. Pero su malestar es el nuestro, el de todos. Su epidemia de ansiedad nada tiene de sorprendente. Es la misma que sufrimos todos los demás: enfermedades del vacío las llaman. La cuestión es si vamos a seguir sometiéndonos a sus terapias químicas o vamos de una maldita vez a reventar.

A lo largo del 2009 en France Télécom se inicia una ola de suicidios debido a las condiciones draconianas a las que la empresa somete a sus trabajadores. Si mis cálculos no fallan, han sido reconocidos por la empresa 48 suicidios en dos años. Es una opción, la última. En las cárceles se llevan practicando los suicidios y las auto-mutilaciones como formas de resistencia desde hace años. Hay, en los últimos años, una epidemia de gente que, frente a situaciones irresolubles, se quema a lo bonzo. Cuando es la propia vida la que juega en contra de uno mismo y ya no hay afuera, ¿cuál es la solución? ¿Permanecer en el sufrimiento o saltar al precipicio? Los controladores aéreos, creo que muy oportunamente, no han decidido suicidarse: ante una situación vital insostenible, vejados por insultos constantes, persecución de sus hijos en las escuelas, ataques de conocidos y desconocidos, etc., han decidido abandonar sus vidas, sus trabajos, su empresa. El Estado, apoyado por una población fascista, ha sacado al ejército, ha sacado las pistolas y las cárceles. Ha desactivado los únicos mecanismos que tenían, la huelga y el derecho a dejar el puesto de trabajo. Pero aún no han acabado con lo que les mantiene a flote como gremio y como individuos, su unidad como colectivo. Sin embargo, no otro es el objetivo último del Estado en su tarea de destrucción total: arrasar lo común, aislar en una soledad irrevocable, sin apoyo alguno.

¿Saben que los controladores franceses y portugueses se solidarizaron con los españoles, no dejando surcar su espacio aéreo a ningún avión procedente del territorio español mientras el paro durara? ¿Saben que el sindicato de pilotos se solidarizó con el de los controladores aéreos? ¿Saben que otros muchos sindicatos y colectivos europeos e iberoamericanos del ámbito de la aeronáutica han estado al lado de los controladores aéreos españoles y se han avergonzado de la respuesta brutal del Estado Español? Y luego tenemos que escuchar a los estúpidos políticos y a los despreciables empresarios del turismo hablando del deterioro de la marca-españa. España es una mierda, y no por culpa de los controladores, sino por culpa de estas hienas que nunca tienen bastante y a cuya cabeza se encuentra el antiguo colaborador del gobierno de los GAL, el inmundo Rubalcaba, gran ganador de esta debacle política.

¿Saben que el Estado Español, con nuestros impuestos, contrató hace más de un año a una empresa, en concreto a una consultora americana experta en la destrucción de sindicatos? Mckinsey, creo recordar que se llama. Ella ha sido la encargada de planificar lo que desde hace más de un año los controladores vienen sufriendo. Son los mismos que privatizaron Renfe y otras tantas empresas. Luego el trabajo sucio consistente en reventar cualquier posibilidad de convenio colectivo ha recaído en manos de un bufete de abogados experto en estos menesteres y también, por supuesto, pagado con el dinero de las arcas públicas, con nuestro dinero. Su nombre es Cusan-abogados, empresa integrada desde hace un par de meses en la firma internacional KPMG. Son ellos los que han estado llevando en nombre de AENA y del Estado las reuniones con el sindicato USCA: expertos en técnicas que permiten reventar física y psíquicamente al más duro de entre los delegados sindicales. Eso por no hablar de las serias sospechas de que a algunos de los miembros de la anterior cúpula del sindicato les hayan untado de pasta para desactivar cualquier posible brote de antagonismo. Pero las bases asamblearias lograron quitarse de encima a esa cúpula y generar un contexto algo más favorable, gente con menos experiencia pero más honrada. Ahora el gobierno dice explícitamente que va a descabezar al sindicato, que va a arrasar con los delegados sindicales, supuestamente protegidos por ley. Nada dicen al respecto los sindicatos mayoritarios. Ni UGT ni CCOO tullen ni mullen cuando se está persiguiendo de modo explícito a compañeros, ni cuando se arrasa con derechos laborales fundamentales. La fiscalía no duda en participar en la purga. Y, a pesar de todo, la historia no ha terminado. Las asambleas, aunque ahora desactivadas, pueden volver a brotar. Además, hay otros conflictos abiertos. Los pobres son más pobres. La rabia de muchos va en ascenso. Los controladores no están solos. Yo, al menos yo, estoy con ellos.

¿Y vosotros? ¿Vais a permitir que, no ya nuestro gobierno, sino nuestro Estado, pisotee los derechos civiles más básicos de un colectivo de trabajadores? La declaración del Estado de Alarma no va dirigida sólo a los controladores: es un aviso a todos los colectivos, trabajadores o no. La crisis (eso que llaman crisis y que cada vez se demuestra con más claridad que no es más que una recomposición del sistema capitalista para eliminar toda restricción a su proceso de auto-valorización) ha abierto una caja de Pandora que promete tempestades para todos: desatención de las personas más necesitadas, jubilaciones imposibles, recortes sociales: eso es sólo el principio. ¿Qué ocurrirá cuando empiecen, si es que empiezan, las movilizaciones? ¿De verdad creéis que las tasas universitarias sólo subirán en Gran Bretaña? ¿Qué las reformas no van a afectaros? ¿Qué vuestras pequeñas empresas van a sobrevivir? ¿Qué no vais a tener que hacer concesiones para mantener vuestros trabajos? Si están siendo capaces de aplastar la lucha de un colectivo que posee una posición estratégica en el sistema de producción y distribución y que tienen un grado de sindicación y una disciplina de acción inigualable, ¿qué diablos pensáis que van a hacer con vosotros, cuya capacidad de intervención en mínima? ¿Qué vais a hacer? ¿Quemar contenedores? ¿Pegaros con la policía? ¿Agachar la cabeza esperando a que escampe?

Es hora de hablar con los amigos, de crear redes de apoyo mutuo y de resistencia, de prepararse para lo peor, de inventar nuevas formas de lucha y de estudiar las antiguas, de aprender a ser tipos duros, de recuperar la experiencia política que durante los últimos treinta años nos han robado. No hablo de revolución. No soy un iluso. Hablo de resistencia. Es el tiempo de la acción común y de la ruptura. La poesía y la filosofía tienen que retornar a su función olvidada: cambiar la vida.

Pablo Lópiz Cantó

martes, 18 de enero de 2011

Opencor dendaren irekiera, merkataritza handia jaiegunetan zabaltzeko lehenengo pausua


Herritarrak horrelako dendetan ez kontsumitzera deitzen ditugu, dakarten merkataritza-, hiri- eta garapen sozial eta ekonomia- ereduaren zigortzeko. Bat egiten dugu urtarrilaren 21erako ELA, LAB, CCOO eta UGT sindikatuek Bilboko Udaletxean goizeko 11etan deitutako kontzentrazioarekin.
Ezker abertzalea, EA eta Alternatiba alderdiok egunean 18 orduz eta urtean 365 egunez irekita egongo den Opencor El Corte Ingleseko dendaren atzoko irekiera salatzen dugu. Jaiegunetan langileen deskantsurako eskubidearen kontrako erasotzat jotzen dugu aipatutakoa.
Denda berri honen irekierak helburu argia du: merkataritza handiak jaiegunetan zabaltzeko aukera “normaltasun” osoz izatea. Honek ondorio larriak izango ditu: merkataritzako langileen lan baldintzen prekarizazioa, merkataritza txikiaren kontrako kalte larria bat eta gutxi batzuen negozioa eta etekinak soilik lehenesten dituen eredu ekonomiko arrotz baten inposaketa.
Enpresaburu handiek mozorroa kendu eta helburu argia dute: jasotzen dituzten etekin handiak biderkatzea eta horretarako ezinbestekoa da lan-eskubideekin amaitzea eta lan baldintzen prekarizazioa.
Testuinguru horretan biderkatu dituzte jai egunetan lan ez-egitearen kontrako erasoak eta borroka horretan bidelagun fidelak topatu dituzte Bilbon: Opencor zabaltzeko baimena eman duten EAJ eta IU alderdiakHauek, berriro ere, merkataritza-interes handien alde egiten dute eta langile eta sindikatuen kontra.
Larritzat jotzen dugu Azkunak, herritarrentzako adibide gisa agertu nahian, atzo egindakopresazko bisita patetikoaren bidez hiri eredu arrotz honi emandako babesa. Honekin, babesa eman die, argi eta garbi,  lan baldintzen prekarizazioari (lanaldi amaiezinak eta atseden eskubiderik gabekoak), egun ezagutzen ditugun harreman sozial zein familiarren desagerpenari, auzoen desertizazioari  eta onuradun bakarrak izango den eliteari.
Ezker abertzalea, EA eta Alternatiba alderdiok langileen aldarrikapenak babesten ditugu eta protesta-ekintzekin bat egiten dugu (urtarrilaren 21erako ELA, LAB, CCOO eta UGT sindikatuek Bilboko Udaletxean deitutako kontzentrazioa), herritarrak horiekin bat egitera animatuz. Horrez gain, herritarrak horrelako dendetan ez kontsumitzera deitzen ditugu, dakarten merkataritza-, hiri- eta garapen sozial eta ekonomia- ereduaren zigortzeko.

viernes, 14 de enero de 2011

Euskal Herria y la energía nuclear

Se ha reabierto el debate sobre la energía nuclear, que nunca se cerró del todo. Sus defensores pretender usar esta energía para combatir el “efecto invernadero” provocado por el vertido a la atmósfera de millones de toneladas de gases nocivos, en especial dióxido de carbono, por industrias, transportes, calefacciones domésticas... y centrales térmicas, cuyos motores y calderas queman combustibles fósiles. Sus consecuencias son las olas de calor y de frío, inundaciones, elevación del nivel de mares y océanos,  huracanes, tornados... Conjunto de meteoros conocido como “cambio climático”.

                Originalmente la fisión nuclear se utilizó para fabricar bombas atómicas, de gran poder destructivo. Sólo los EEUU las han utilizado; fue en la Segunda Guerra Mundial. En agosto de 1945, los yanquis las arrojaron sobre las ciudades japonesas Hirosima y Nagasaki, asesinando a cientos de miles de inofensivos habitantes, la mayoría volatilizados en el momento de las explosiones, y otros morían después, tras espantosos dolores causados por las quemaduras radiactivas. Esas han sido las únicas bombas atómicas lanzadas hasta ahora en una guerra. Años más tarde, el arsenal nuclear se expandió y se utilizó como “argumento” disuasorio en la “Guerra Fría” entre el capitalismo y el socialismo. Hoy, la proliferación de arsenales atómicos y los conflictos bélicos en curso, amenazan a la Humanidad con un holocausto nuclear.

                Los reactores de fisión de las centrales nucleares son un subproducto de los que EEUU inventaron para propulsar navíos de guerra, al comienzo submarinos y más tarde portaviones. También se han utilizado en naves interplanetarias no tripuladas.

                El lobby pronuclear es poderoso e influyente, y recibe ayudas económicas, jurídicas y coercitivas por parte de los estados, además de una amplia cobertura mediática.

                La electricidad procedente de fuentes renovables: eólica, solar, hidráulica, biomasa, mareas... de momento sólo es capaz de atender una pequeña parte de la demanda. La falta de interés de las empresas del sector eléctrico por investigar el aprovechamiento de estas energías inagotables, al ser difícilmente controlables por su capacidad de dispersión, es la causa de la grave e insostenible situación en que se encuentra la Humanidad... ¿Es irremediable? No lo sé, pero por si acaso, intentemos corregirla. Durante las últimas décadas se han asesinado miles de personas por  la posesión de yacimientos de hidrocarburos. La invasión y conquista de Irak es un trágico ejemplo.

                Conviene no olvidar el desastre nuclear ocurrido en la central de Chernóbil (Ucrania), el 26 de abril de 1986; la radiactividad que produjo la explosión de sus reactores causó muerte y enfermedades transmisibles a miles de habitantes de Europa. “Los niños de Chernóbil” visitan cada verano Euskal Herria para que el cambio de aires mejore sus patologías radiactivas. Son acogidos por familias voluntarias, en un loable acto de solidaridad. 

                El neoliberalismo defiende, por interés económico, la electricidad generada en  centrales nucleares que utilizan uranio enriquecido en sus reactores de fisión, porque  “es un procedimiento barato e inofensivo que no produce gases contaminantes, y es la mejor manera de combatir el cambio climático”. Mentira, porque el sistema nuclear es caro y además contamina de forma grave e interminable. Además, la potente maquinaria que se emplea en la minería del uranio, en la construcción de las complejas instalaciones y los transportes que precisan, emiten considerables cantidades de gases nocivos a la atmósfera. Y durante el largo proceso operativo de esas centrales, se impregna, con consistentes elementos radiactivos, el medio natural: aire, suelo, agua de mares, lagos, embalses o ríos. Ciertos isótopos generados en esas centrales emiten radiaciones ionizantes durante miles de años, acumulándose en la tierra, en el agua y en los tejidos de los organismos vivos, vegetales y animales, que afectan a la especie humana, por exposición directa o por ingerir alimentos irradiados: agua, vegetales,  animales, o sus derivados, zumos, huevos, leche, quesos, embutidos... No existe dosis de radiación ionizante que por diminuta que sea, resulte inofensiva. La más insignificante puede producir mutaciones genéticas, cambios degenerativos y cáncer o leucemia, en función del tiempo de exposición, dada la propiedad acumulativa de los elementos radiactivos. Paradójicamente, algunos isótopos de baja radiactividad que utiliza la Medicina, combaten con éxito ciertos tumores malignos.

                Los residuos radiactivos generados en las centrales nucleares, en especial el combustible de uranio agotado, permanecen emitiendo fuertes radiaciones durante miles de años, por lo que requieren ser almacenados en centros de elevada estabilidad geológica y con vigilancia permanente... Ciertamente, una embarazosa y costosa herencia para nuestros descendientes. Por cierto, los elevados costes del mantenimiento de esos bunkers, no los pagan las empresas productoras, sino que son abonados con cargo al presupuesto público. “Socializar costes y privatizar beneficios”, es la fórmula  brutal del neoliberalismo.

                A pesar de haber transcurrido setenta años desde la generación de los primeros residuos, la ciencia no ha encontrado una solución aceptable para su neutralización definitiva. Algunos proponían lanzarlos al sol, pero los cohetes portadores no ofrecían garantía suficiente. La NASA no aseguraba el éxito en todos los lanzamientos. 

                Iberdrola (antes Iberduero), ahora uno de los líderes del sector energético a nivel mundial, proclama con insistencia la bondad y baratura de la energía nucleoeléctrica, y por eso, en un gesto de “generosidad”, intentó nuclearizar Euskal Herria, proyectando centrales atómicas en Tudela, Deba, Ispaster-Ea y en Lemoiz. Sólo logró construir la última; las otras, a pesar de que lo intentó, no pasaron de la fase de proyecto.
               
                ¿Qué hubiera sido de Euskal Herria si Iberduero hubiese conseguido poner en marcha todos sus proyectos nucleares? Desde luego que nada bueno. Aún no se han estudiado las consecuencias de semejante locura. El análisis social, sanitario, demográfico, económico y político de lo que hubiese ocurrido en nuestro país, es un asunto apasionante que aún no se ha estudiado. 

                Una publicación de Iberduero de 1979 (siete años antes que “Chernóbil”) informaba que: “...las centrales nucleares son seguras para las personas y las cosas que existen en su entorno y originan los menores costos en comparación con las centrales que utilizan los combustibles tradicionales...”.  Mentira.

                Para entonces, la central que esa empresa construía en la cala Basordas de Lemoiz, se hallaba en avanzado estado de construcción, hasta el punto de que en el mismo folleto se aseguraba que el arranque de la “Unidad I” tendría lugar “dentro del año 1981 y un año y medio más tarde el de la Unidad II”. Las obras habían comenzado, ilegalmente, en 1972, utilizando la política de “hechos consumados”, frecuente en los regímenes totalitarios. Su coste lo hemos pagado entre todos, a través de recargos obligatorios en los recibos de la “luz”. Por este procedimiento Iberduero recuperó la totalidad de sus inversiones. Además, el servil Estado español, en vez de exigir a la empresa una indemnización multimillonaria por sus desmanes, pretende otorgarle derechos preferenciales sobre las instalaciones que existen en la Cala de Basordas, para convertirlas, posiblemente, en una central térmica de ciclo combinado con gas natural, dada la cercanía de la plataforma “Gaviota” y de la planta de tratamiento de Matxitxako.

                El “Ente Vasco de la Energía” (E.V.E.), organismo dependiente de Lakua, dispone de información importante relacionada con el gas natural y otros hidrocarburos, y también sobre los resultados de las prospecciones geológicas realizadas en el subsuelo de la CAPV , en tierra firme y en sus aguas territoriales, desde mediados del siglo XX, como sus homólogos de Iruñea e Iparralde. 

                A Iberduero, el atentado contra la existencia y la salud pública de Euskal Herria, le ha salido gratis, por culpa de la sumisión institucional... y la sorprendente y entusiasta colaboración jeltzale. “Si la central de Lemoiz no funciona vamos a tener que alumbrarnos con velas y comer berzas”. ¿Lo recuerdan? Ninguno de los responsables de aquellos graves delitos, ni sus colaboradores, han sido procesados por los tribunales. Lo llaman democracia.

                Gracias a la heroica, dura y desigual lucha desarrollada por distintas organizaciones populares vascas, se logró impedir que el amenazante engendro de Lemoiz entrara en funcionamiento. Fue una victoria estratégica del pueblo vasco.

                La central nuclear de Garoña, propiedad de Nuclenor, empresa en la que participa Iberdrola con el 50%, se halla emplazada en la provincia de Burgos, cercana a Euskal Herria. Comenzó a producir electricidad, no sin problemas, hace cuarenta años, lo que la convierte en la más antigua de la península en activo. Durante todo ese tiempo ha venido atemorizando a los vecinos de un amplio radio, que exigen, incansables, la paralización de la central.

                Es deseable que la investigación y el desarrollo de las energías renovables alcancen sus objetivos antes de construir nuevas centrales nucleares o prolongar la “vida” de las existentes. Ahorrar en el consumo eléctrico es otra eficaz y saludable alternativa... y que sólo depende de cada uno de nosotros.

                La producción de electricidad es un sector estratégico para el futuro de Euskal Herria y, precisamente por ello, tenemos el derecho -no reconocido- y el deber de participar en su diseño y gestión. No podemos permitir que asunto tan importante permanezca exclusivamente en manos de una empresa privada, que además no es digna de confianza, porque ha demostrado, a lo largo de los años, que sólo le interesa el beneficio económico... “Lemoiz funcionará pese a quien pese y caiga quien caiga” decía el presidente de Iberduero. Conseguirlo no nos va a ser fácil, porque las instituciones decisorias, herederas del franquismo, son controladas, entre otros, precisamente por los propietarios de Iberdrola (antes Iberduero). Circunstancia nada extraña en un régimen capitalista neoliberal como el que padecemos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Euskal Herria/Nabarra

 Juan Maria Eskubi Arroyo
          
              La clase trabajadora, a nivel mundial, se halla sumergida en una crisis dramática por culpa del neoliberalismo globalizado. Esta ideología, como siempre ocurre con el capitalismo, favorece el enriquecimiento de una minoría ambiciosa e insolidaria mientras arroja al abismo del hambre y la miseria a millones de personas a las que esclaviza y exprime; muchas mueren de hambre por alimentación insuficiente, por beber agua contaminada, por respirar aire tóxico, por pandemias sin asistencia sanitaria, por habitar viviendas insalubres, asesinadas en guerras, éxodos y bloqueos, luchando por la libertad... Y por si esto fuera poco, los desastres naturales, volcanes, terremotos, tsunamis, huracanes, tornados, inundaciones, sequías... matan cada año a cientos de miles de personas, a las más pobres, obligadas a hacinarse en laderas inseguras y zonas inundables. Por cierto, ¿qué pensar de la iglesia, que adora y reza a dioses impotentes, que acapara inmensas riquezas, que trata con crueldad a los humildes, mientras lame el culo a los poderosos...?

                La derecha, aunque se disfracen de progresista, nacionalista, socialista, republicana, pacifista, demócrata-cristiana, será siempre servil ante el poderoso y déspota con el débil, desde el hemiciclo, la cátedra, el púlpito... con epístolas o con pistolas. Para eso inventaron la religión, las leyes, el feudalismo, las monarquías, los parlamentos...

                En el neoliberalismo prevalecen las inversiones especulativas de ganancia rápida sobre las productivas, insustituibles en la creación de riqueza. El capital trata de reproducirse a sí mismo, con prácticas especulativas, en un caótico círculo vicioso con final desdichado para los inocentes depauperados. Las estadísticas informan que en el mundo más de 1.300 millones de personas sufren escasez extrema. En Euskal Herria/Nabarra, un tercio de las familias perciben ingresos insuficientes para su sustento, y menos aún para acceder a los servicios docentes, culturales y de ocio que adornan y alegran la vida a los solventes. Precisamente ahora, el gobierno español, que para mayor escarnio se denomina “socialista y obrero”, ha decidido anular las míseras ayudas de subsistencia que entregaba a las personas empobrecidas por la crisis... sin tener en consideración que muchas de las familias perceptoras tienen a todos sus miembros en el paro... A esta violencia la llaman democracia.  

                Hace muchos años que el reino español y la república francesa sometieron a Euskal Herria/Nabarra por la fuerza de las armas. Desde entonces niegan nuestra existencia y, en consecuencia, nos prohíben constituirnos en república independiente, como desea la mayoría. Ni siquiera  nos permiten realizar un referéndum en condiciones de libertad y democracia. Son precisamente los deseos de independencia de los ciudadanos de Euskal Herria/Nabarra los que impulsan a los estados español y francés a reprimir violentamente a los defensores del proyecto secesionista. “España, antes roja que rota” decían -y dicen- los unionistas hispanos. No olvidemos que el vigente reino español y su monarca proceden de la voluntad del fascista y nacionalcatólico Francisco Franco. Los responsables de los genocidios y crímenes cometidos durante la “Cruzada” y en la posterior dictadura, no han sido depurados ni juzgados ni condenados... lo que no es  absurdo teniendo en cuenta que los tribunales y jueces actuales se nutren de similar ideología. Hay que recordar que la transición a la muerte del caudillo se realizó bajo amenaza de intervención del ejército, sin garantías democráticas, y a pesar de ello, contando con la colaboración de los autonomistas vascos, que con ánimo de embaucar a ingénuos, presumen de “nacionalistas”.  

                Por ubicación política y geográfica, por hábitos culturales, por renta y otros índices macroeconómicos, Euskal Herria/Nabarra, pertenece al Primer Mundo o grupo de países ricos. Las multinacionales de Hegoalde, BBVA, IBERDROLA, PETRONOR, etc., obtienen excelentes ganancias, lo que no les impide exigir a sus esbirros, los gobiernos de Gasteiz, Iruñea y Madrid, que defiendan y prioricen sus intereses sobre los de la clase trabajadora, aunque ésta sea la mayoría social. Para ello exigen que les reduzcan los impuestos, que legislen a favor de la flexibilización y abaratamiento de los despidos de empleados, que amplíen la jornada laboral sin incrementar salarios, que retrasen y recorten drásticamente las pensiones de jubilación, que disminuyan el “gasto” social, que criminalicen la disidencia, regocijándose con la persecución y encarcelamiento de los más opositores más activos... Y para remate, exigen que en las crisis que su ambición provoca, les proporcionen miles de millones de euros procedentes de fondos públicos para cubrir sus quiebras, en detrimento de las asistencias y servicios sociales públicos. De esas crisis los financieros emergen siempre enriquecidos... al menos así ha sido hasta ahora, y si no lo remediamos, seguirá siendo en el futuro. El beneficio monetario es el objetivo fundamental de su actividad, y para lograr el máximo posible exigen “paz”, pero no una Paz que sea resultado de reconocer y proteger el derecho a la libertad de los pueblos; que anule las leyes “ilegales” como las que condenan a los abertzales a “muerte civil”; que admita la participación popular en el análisis, debate y decisión de los proyectos de infraestructuras estratégicas, (sanidad, trabajo, vivienda, docencia, cultura, de ordenación del territorio, energía...). Los ciudadanos que se oponen a esos proyectos con argumentación bien razonada, son perseguidos por “terroristas”.

                Quieren  una “paz” que viole sistemáticamente los derechos humanos, que proteja los intereses de especuladores y financieros en perjuicio de la clase trabajadora, que los fondos públicos acudan rápidamente a socorrerles, que privatice los escasos servicios y empresas que aún mantienen titularidad y gestión públicas... y que los gobiernos títeres consoliden este régimen injusto y represor, aplicando sine die un estado de excepción fáctico... Para garantizar este “orden”, los empresarios españoles más acaudalados se reunieron a mediados de noviembre en La Zarzuela con el comandante en jefe de las fuerzas armadas. Ya hemos comenzado a percibir las consecuencias del cónclave. Dicen que es democracia.

                Estudio aparte merece el “complejo industrial militar” ubicado en Euskal Herria/Nabarra, llamado eufemísticamente “industria de defensa”, integrado por las multinacionales ya citadas y por las empresas, también “vascas”, SENER, ITP, GAMESA, HEGAL, EXPAL, etc., que fabrican y venden armas mortíferas, utilizadas para saquear los recursos en países del Tercer Mundo y en la represión de rebeldes en estados gobernados por sátrapas. Las instituciones vascas apoyan ese infame subsector con créditos y subvenciones, que justifican como paliativo para combatir la lacra del paro, simulando ignorar que la lucha contra el desempleo fabricando y exportando cañones, tanques, bombas de racimo o minas antipersona es un gravísimo ultraje a la paz. Lo llaman democracia.

                Una pandilla de “intelectuales”, de columna y tertulia cotidianas, han vendido,  por un puñado de monedas, sus conciencias y habilidades retóricas. Colaborar con el poder establecido se ha convertido en una lucrativa profesión para esa caterva de charlatanes.

                Para erradicar tantas injusticias y conquistar los derechos democráticos pisoteados por el neoliberalismo y sus esbirros -derechos “civiles y políticos” los denomina con acierto la joven Aurore Martin- la mayoría social vasca reivindica, con decisión y firmeza, la Independencia y el Socialismo para Euskal Herria/Nabarra, convencida de que sólo así se podrán alcanzar la Paz, la Libertad y la Democracia. 

                Aurrera!


ORRIALDE NAGUSIRA ITZULI

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