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miércoles, 23 de marzo de 2011

La guerra, que hoy exporta España, puede que otros la importen mañana


Mikel Arizaleta  

Fue una lección la que dio a sus señorías aquella mujer rubia y ojerosa, Pilar Majón, en aquella mañana del 16 de diciembre de 2004, cuando les espetó a la cara: “¿De qué se reían señorías? ¿Qué jaleaban? ¿Qué vitoreaban?... Se está hablando de la muerte y de heridas de por vida padecidas por seres humanos. Que nuestro dolor centre sus conclusiones. Tienen la obligación de evitar otro atentado". Hablaba, en riguroso luto y con el bolso de mano, la madre de Daniel, su hijo de 20 años, víctima del 11-M en el tren del Pozo camino de la universidad de aquel jueves, luego de las 7, 30 de la mañana.

Aquel trágico 11 de marzo, en el que murieron 191 personas, era jueves y el 14 se celebraban elecciones generales. El gobierno de Aznar mintió descaradamente a la ciudadanía y acusó mendazmente a ETA de la matanza. Curiosamente quien entonces dijo con voz sonora que no había sido ETA y desenmascaró con contundencia la falacia hoy está en la cárcel y se llama Arnando Otegi. El gobierno español estaba ya avisado, participaba activamente en la guerra de Afganistán y fue promotor destacado de la guerra de Iraq. Y se amenazó desde allí con represalias a la chulería de aquí. Aquí hubo 191 muertos blancos pero allí hace tiempo que han pasado del millón los muertos y son innumerables los heridos, los tullidos, los lisiados, los torturados, los violados. Iraquíes o afganos, que tienen también madres ojerosas, que no son rubias, que son morenas y que sienten el dolor tanto –quizá más- que las rubias europeas. Casi a diario pasan de 100 los asesinados por nuestra guerra, por nuestras armas, por nuestros soldados, por nuestras bombas de racimo, los asesinatos financiados con nuestra pasta y nuestro negocio de dolor y muerte.
En esta guerra española en tierras libias, como comenta Rafael Poch, “puede que haya suerte y a Gadafi no se le ocurra -o no pueda- estrellar un avión contra una central nuclear francesa cercana o contra una española. O puede que no. Pero cuando uno lanza bombas contra otro país, se expone a que ese país responda de alguna manera. Hacer la guerra implica riesgos. El 11-S reveló una vulnerabilidad hasta en el mismo centro del imperio. El derecho de injerencia sería loable en un mundo regido por la benevolencia y las relaciones internacionales igualitarias. En el mundo de hoy tiene grandes probabilidades de ser un factor de abuso y poder de unas naciones o coaliciones de naciones sobre otras. Las fechorías de algunos son delito, las de otros no. La protección de vidas invocada por la ONU se convierte en pretexto para un cambio de régimen allí donde conviene, en Libia si, pero no en Baréin o Yemen, mucho menos en Israel. Disparar contra la población es casus belli en Bengazi, no en Sanaa, Manama y menos aun en Gaza”.
Hoy de nuevo partidos y diputados aplauden y avalan con su voto en el Parlamento una guerra en Libia, que mata, lisia, tortura y tulle a soldados y civiles, a hombres, mujeres y niños. Y no olvidemos que también ellos lloran, sufren, sienten y mueren. Si España exporta guerra que no se queje si un día otros la importen. La guerra, lejos, es juego y espectáculo en la televisión de casa, pero puede trocarse también en muerte en casa y regocijo lejos.
¿De qué se ríen señorías? ¿Qué jalean? ¿Qué vitorean y avalan? ¿Acaso no se dan cuenta que se está aprobando muerte y guerra en el parlamento español?

domingo, 28 de febrero de 2010

Las carencias de Cuba en derechos humanos( Koldo Campos Sagaseta)

Lamentable la muerte de un preso cubano declarado en huelga de hambre en exigencia de que se le dotara de teléfono y cocina en su celda, y que pone de manifiesto las carencias de Cuba no sólo en políticas penitenciarias sino, también, en materia de derechos humanos.

A diferencia de otras democracias americanas en las que son comunes y constantes los motines, las matanzas en luchas internas, los suicidios de presos, las muertes de detenidos por desatención médica, por desnutrición, por tortura, en Cuba hay que remontarse más de 50 años para encontrar un antecedente al del Orlando Herrera.

Y el subdesarrollo que denota Cuba en materia penitenciaria, igualmente delata su infeliz atraso con respecto a los derechos humanos.

Sigue siendo inconcebible que tras de 50 años de revolución no haya podido el gobierno de ese país tomar nota y ejemplo de las democracias que lo rodean y de algunas otras europeas que lo censuran, para instaurar las políticas humanitarias que se le proponen.

No obstante la férrea represión que se denuncia, Cuba no ha sido capaz de protagonizar en su medio siglo de historia revolucionaria una sola matanza popular que la distinga. Todavía no ha podido emular matanzas como la de Tathelolco, en México, donde el ejército de ese país licenció a un millar de estudiantes, o la de Chiapas, donde fueron sometidos a mórbida obediencia decenas de ignorantes indígenas. Tampoco ha sabido llevar a efecto civilistas matanzas como las protagonizadas por policías brasileños en la favela carioca de Vigario Geral donde se exterminó a 21 pobladores en 1993 y a 400 garimpeiros en la selva amazónica en 1987. Ni siquiera ha podido desarrollar una discreta matanza de estudiantes como la que ejecutaran soldados estadounidenses en el Canal de Panamá reprimiendo los insensatos reclamos de soberanía para la zona, apenas un ensayo del eficaz bombardeo sobre el barrio Los Chorritos en el que murieron 3 mil panameños cuando, años más tarde, invadieron ese país, o protagonizar matanzas populares como las de Abril del 84 en República Dominicana, con cientos de ciudadanas defunciones a manos del benemérito ejército local en apenas unos días de labor, o los varios "caracazos" y "bogotazos" que recoge la historia americana.

Cincuenta años de revolución y todavía Cuba no ha podido reeditar un "Cerro Maravillas puertorriqueño, o poner en funcionamiento modélicos campos de concentración como el que tienen los estadounidenses en Guantánamo, o en sus otras cárceles clandestinas repartidas por el mundo.

Cuba sigue sin saber implementar como acostumbran en la democrática Colombia su ejército y sus paramilitares, que vienen a ser lo mismo, fosas comunes en las que enterrar a miles de campesinos, y sepultar en cal viva o desaparecer a los disidentes, al estilo de la democracia española.

Tampoco dispone Cuba de la eficacia interrogadora de los estadounidenses puesta de manifiesto en Iraq o Afganistán, además de carecer de modernos métodos interrogatorios como los conocidos por “la bolsa”, la picana, los golpes a discreción, las violaciones, y demás prácticas policiales que, en cualquier caso, los jueces se ocuparán de negar y los medios de comunicación ignorarán, dado que la denuncia de la tortura, como es sabido, sólo responde a una estrategia disidente.

Para corregir tan histórico retraso y siempre pensando en democratizar su sociedad, Cuba debe proceder de inmediato a neutralizar, como en Guatemala, a cuatro monjas y un obispo cada cierto tiempo, o a incendiar alguna que otra embajada que dé asilo a disidentes; a corregir, así sea en plena eucaristía, emulando los ejemplos salvadoreños, a un cardenal y a cinco jesuitas de vez en cuando; a jubilar a los miles de sindicalistas que en Colombia ha convertido ese oficio en la principal causa de muerte entre los trabajadores; a retirar de la circulación a los opositores más recalcitrantes con la discreción y la impunidad, por ejemplo, con que lo hace el actual gobierno hondureño; a disparar contra periodistas con la precisión y el alcance de los marines en todas partes, o a reprimir en la calle con la contundencia debida cualquier popular manifestación, tal y como apreciamos en las irreprochables democracias americanas y europeas.

Cuba debe neutralizar también a pérfidos estudiantes y cómplices profesores como en la democracia peruana y a eliminar a peligrosos comunicadores como estableciera la democracia argentina en las personas de Bonino y Cabezas, el mismo gobierno peruano en los Andes de ese país, el estado mexicano y colombiano a cada rato, o como ocurriera en República Dominicana con Orlando Martínez, Goyito y Narcisazo.

Cuba debe aprender a reventar a opositores al régimen, como hiciera la democrática policía de Pinochet y la propia CIA nos ilustrara con el asesinato de Letelier y de su secretaria estadounidense a un par de cuadras de la mismísima Casa Blanca. Cuba debe aprender a desaparecer no sólo las quejas de los inconformes disidentes sino también los disidentes, considerando las sabias experiencias de las democracias militares de Argentina, Chile y Uruguay y sus operaciones Cóndor, que en el mar nunca van a descubrirse fosas comunes inconvenientes; a seguir neutralizando a algún que otro Colosio opositor, al igual que en México, y a proceder a nutridas matanzas de negros, como en la democracia estadounidense en los años sesenta o, más recientemente, en Los Angeles, luego de los desórdenes ocurridos tras el democrático apaleamiento de un supuesto ciudadano negro.

Y para mejor iniciar estas reformas, Cuba debe proceder a volar por los aires algún que otro avión de pasajeros, tal y como hicieran milicianos anticastristas y agentes de la CIA como Posada Carriles y Orlando Bosch.

Ni siquiera ha sido Cuba capaz, a pesar del tiempo transcurrido, de aprender a cometer errores como el que recientemente reconocía la CIA al mandar derribar un avión cargado de misioneros estadounidenses a los que confundieron con narcotraficantes, o a los tantos y tan sangrientos errores que en sus guerras humanitarias implementan las fuerzas de paz de la OTAN y los Estados Unidos en los países que ocupan.

Y no son éstos los únicos cambios que Cuba debe afrontar.

En materia de educación debe proceder inmediatamente a una masiva campaña de animalización que devuelva al pueblo cubano a la feliz ignorancia en que vivía antes de la llegada de la revolución; debe erradicar de las escuelas costumbres tan obscenas y perniciosas como la del desayuno escolar, sustituyendo la leche y el pan por la inhalación de cemento y gasolina; debe estimular en sus estudiantes conductas civilistas y democráticas como las que se dan en los Estados Unidos, para que sus colegiales de primaria y kinder logren protagonizar matanzas escolares dignas de encomio. Semejante atraso podría contrarrestarse sometiendo a sus estudiantes a permanentes exposiciones de cine y televisión genuinamente "americanas" que sustituyan los caducos y trasnochados principios de la educación cubana por los competitivos y cristianos valores de la estadounidense.

También debe Cuba establecer el masivo cierre de escuelas e institutos para que pueda su infancia deambular desnuda y descalza por las calles del país, recogiendo botellas, prostituyéndose y ejerciendo otras sanas actividades comerciales y mercantiles que le ayuden a comprender las características de la sociedad a la que Cuba tiene la necesidad de parecerse.

Ocasionalmente, como ocurre en otras democracias latinoamericanas a las que Cuba debe abrirse, tal y como pidiera su santidad Pablo VI, debe procederse a una ordenada y meticulosa neutralización de los excedentes infantiles en las calles del país, para lo que la policía cubana debiera asesorarse por expertos mandos policiales de Colombia, Guatemala, El Salvador y Brasil.

En relación a la salud Cuba debe suprimir su ineficaz sistema de hospitales públicos y laboratorios, estableciendo modernos consultorios de curanderos. En los centros médicos que no puedan transformarse todavía, se impondrá el cobro compulsivo, como previa garantía al internamiento del paciente, incluidas las urgencias. Quienes no estén en condiciones de afrontar los pagos siempre podrán ser reenviados democráticamente a la democrática calle. En los centros de maternidad, como ocurre en otras democracias vecinas, cada cama será ocupada por dos y tres parturientas para que puedan compartir tan hermosa experiencia, ayudarse en el conteo de las dilataciones y pujar juntas. La injusta distribución de vástagos será sustituida por la permuta de bebés y los secuestros de recién nacidos, tal y como ocurre en países vecinos. De manera inmediata Cuba debe igualmente proceder al cierre del Hospital Pediátrico de Tarará, a 20 kilómetros de La Habana, donde el Estado cubano ha venido atendiendo, absolutamente gratis, a 25.000 niños y niñas de Chernobil y otros países del tercer mundo, para poder dedicar ese despilfarro a la inversión en Bolsa. Por la misma razón debe ser cerrada la Universidad Internacional de Medicina, donde miles de estudiantes latinoamericanos sin recursos estudian esa carrera, para dedicar esos bienes y terrenos a la construcción de campos de golf.

En materia de deporte Cuba debe prohibir definitivamente costumbres tan insanas y repugnantes como correr, saltar y otras impudicias semejantes, así como proceder a cerrar estadios y canchas deportivas para inaugurar en su lugar casinos, hipódromos, galleras, canódromos, bancas de apuestas y loterías, caraquitas, rifas diplomáticas y otras lúdicas recreaciones.

En el campo de la cultura Cuba debe cerrar todas las absurdas escuelas de cine, de teatro, de danza y de otras denigrantes actividades para la condición humana, fomentando en su lugar los combos y estimulando otras delicias musicales contemporáneas que ensalcen virtuosos bailes, tan del agrado de los turistas, como "el perrito", "el pollito", "el pingüino", "el maco‑penpén" y el "pónmelo ahí que te lo voy a partir". También deberán promoverse espectáculos como los "wte t‑shirt" y toda clase de desnudos, por supuesto, artísticos.

En el área de la vivienda Cuba debe esmerarse en la construcción de modernos condominios al estilo de las democracias próximas y que, en su honor, se llamarán La Ciénaga, El Hoyo de Chulín, Vietnam, Camboya, La Puya, Los Cartones y La Cucaracha, todos dotados de sus correspondientes aguas negras y aromáticas pestilencias.

En relación al trabajo Cuba debe diversificar sus políticas de empleo para mejor encarar la presente crisis con nuevos oficios y profesiones como: limpiavidrios, buceadores, chiriperos, billeteros, botelleros, vendeperros, quinieleros y otros oficios semejantes.

De igual forma, los anacrónicos monumentos al Ché, Máximo Gómez o Martí, deben ser sustituidos por monumentales faros en homenaje al noble corsario Drake, y estatuas a empresarios como Capone o a santidades como Escrivá de Balaguer.

Lástima que Cuba, no obstante el clamor de los medios de comunicación del mundo libre porque se convierta en otra democracia como las descritas, se empeña en seguir siendo diferente.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Su pobreza nuestra indignidad

La haitinización: una lección de cómo un pueblo adelantado y libre entre nosotros al cabo de unos años se vuelve pobre y dependiente.

Eduardo Galeano en una bella reflexión en su artículo titulado “Me caí del mundo y no sé por donde se entra” decía ante esta práctica de abuso y depredación, del coger y tirar:

“Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo”.

La arrogancia europea es de libro, infecta casi todos los aspectos de su pensamiento, de sus leyes y su política. El eurocentrismo es un complejo de ideas, actitudes y políticas al servicio del creciente expansionismo de Europa, iniciado en el siglo XVI. Coloca a Europa Occidental y sus extensiones en ultramar en el centro de la historia del mundo. El principio organizador central del eurocentrismo es la división del mundo en mitades desiguales: nosotros y ellos, uno mismo y el otro. La arrogancia de esta dicotomía es apabullante. Y la reflejamos hasta en la confección de mapas colocando el norte arriba. Los musulmanes lo ubicaron en el sur por el mismo precio y mismas o parecidas razones (Shahid Alam, Rebelion).

Hoy hay signos claros de nuestra decadencia cultural y humana. No sólo en las jubilaciones escandalosas de hombres políticos y financieros, que se dicen guías de occidente y genios de la cultura y el progreso y que desde puestos claves claman por el rebaje de los derechos laborables, sanitarios y sociales de sus gobernados o especulan groseramente con sus dineros y ahorros, en el comportamiento económico y político, también a nivel más extendido: esa chulería invasora, bombardeando desde el “aquí estamos nosotros” o el “se hace nuestro querer”, ocupando sus tierras, destruyendo su vida a nuestro antojo por progresía, ética, interés, organización del mundo…, robando sus materias, sus modos de vida, culpando a otros de nuestras propias calamidades, invadiendo países con mentiras, ordenando su vida a nuestro antojo, matando a diestro y siniestro con impunidad, amenazando a otros desde nuestra preponderancia nuclear, tratando el dolor ajeno con desprecio y rebaje como si ellos fueran animales sin entrañas, matando impunemente a su hijos y ancianos, a hombres y mujer de países hoy pobres y esclavos y que ayer nos acogieron y nos dieron de comer, juzgándoles desde nuestra criminalidad como revoltosos..., poniendo a un negro, a un sudamericano o del Este a bajo precio en nuestro bar o en nuestro hogar a nuestro servicio. Convirtiendo su pobreza en nuestra indignidad.

Ese olvido, esa ignorancia, esa chulería y desprecio es muestra clara de nuestra sociedad podrida. Nuestra vida se ha vuelto desprecio y explotación: cada uno explota al de alado de la manera que puede: en sanidad, en derechos, en escuela, en desprecio.

Me impresionó la película Celda 211, pero me impresionó más el relato de miseria y pobreza, que en Kaosenlared escribió con detalle y respuesta Salvador en su artículo: “Celda 211: la otra cara del rodaje”. Reflejo fiel: lo uno y lo otro. Y son pocos los meses que nos queda de espabile.

Conviene no olvidar que hasta el siglo XVI China fue técnica y culturalmente muy superior a Europa y estaba mucho más adelantada que nuestro continente europeo. De eso hace tan sólo cinco siglos. Pero conviene no olvidar que nuestro comportamiento destructor actual no tiene comparación, es muy superior al de los siglos anteriores. Si los habitantes de la Isla de Pascua destruyeron y aniquilaron sus montes con instrumentos de piedra, hoy nosotros los talamos y destruimos con motosierras y a las gentes con desprecio y chulería. En los años sesenta y setenta gran parte de la basura alemana de las calles la recogían trabajadores españoles.

Somos deudores de otros pueblos y gran parte de lo que somos lo debemos al saqueo de pueblos, de tierras y de gentes. Y eso, aparte de bestialidad, es anuncio de ruina inminente. Nuestra huella es desolación, pero puede ser distinta si juntos levantamos el puño solidario.

Arizaleta Mikel

lunes, 25 de enero de 2010

Miradas

Los abertzales vascos conocemos bien qué significa el “vis à vis”, el cara a cara, en la visita a un preso. En francés hoy rostro se dice visage, pero en tiempos se decía vis, que procedía del participio latino visum, lo visto. También en alemán y en euskera rostro está relacionado con ver, con ojo: Gesicht, aurpegi. Sobre Haití he observado miradas que explican muchas cosas.

Rafael Poch escribía días atrás en La Vanguardia “una de las primeras imágenes que percibí de Europa al regresar tras veinte años de ausencia, fue la foto del ex líder verde alemán Joschka Fischer con traje de Armani acudiendo al estreno de la última película de James Bond con su última esposa, treinta años más joven. Este mes Alemania ha celebrado el 30 aniversario de la fundación de los verdes, el 13 de enero de 1980 en Karlsruhe, y pocas fotos retratan mejor que esa de Fischer el estado de cosas en el viejo y socialmente dormido continente.

En 1980 los verdes eran la coalición apache de un movimiento de protesta, un "partido antipartido" compuesto por ecologistas y pacifistas, feministas, cristianos, gente del área "K" (comunistas, sector ladrillo), contraculturales y todo lo que había surgido del 68 alemán y contribuyó a democratizar un Estado de tradición gendarme y preocupante pasado. Treinta años después, el partido es un manso instrumento del establishment, que durante su paso por el gobierno federal (1998-2005) se situó a la derecha del SPD de Gerhardt Schröder, abrazó fórmulas neoliberales y el atlantismo. En 1983 los verdes ingresaron por primera vez en el Bundestag y en 1985 Fischer se convirtió en el primer ministro verde de un estado federal (Hesse), y, a partir de 1998 en vicecanciller y Ministro de Exteriores. Los verdes de Fischer fueron decisivos para regresar a la (anticonstitucional) intervención militar alemana en el mundo; primero contra Serbia, para evitar lo que Fischer definió como "un segundo Holocausto", y luego en Afganistán, en el Índico, y donde haga falta para garantizar el "acceso" de Alemania a suministros energéticos y rutas comerciales, como dice la Canciller Merkel. Por el camino muchos sustituyeron el colorido jersey de lana gruesa por el Armani y la corbata. Fischer es hoy asesor de BMW, Siemens y consorcios energéticos, el abogado y ex secretario de Estado Rezzo Schlauch es consejero de (EnBW), una de las grandes empresas de centrales nucleares, y su colega el también ex Secretario de Estado Matthias Berninger se dedica a promocionar la imagen en Europa de la multinacional americana de chucherías "Mars Inc."

Y Eduardo Galeano escribía en Insurgente cosa parecida: “Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud”.

En Haití se hace espejo la frase de que Cuba envía al mundo maestros y médicos y EE.UU. soldados. En el momento del desastre Cuba ya tenía en Haití 408 médicos y paramédicos como parte de sus planes de internacionalismo y ayuda a los países pobres, algo que la Revolución ha realizado desde los años 60. Puede que sea una de las áreas más pobres del mundo, sitiada por su vecino Israel, pero los palestinos que viven en la Franja de Gaza han donado lo poco que tiene para ayudar a quienes han sido golpeados por el terremoto en Haití. Entre las donaciones recogidas juguetes, cosméticos y caramelos; pequeños lujos que los gazatíes saben muy bien que pueden iluminar el espíritu ante la devastación... Hay ruinas en la Franja de Gaza que recuerdan los escenarios en Haití. Éstas no han sido originadas por un desastre natural, sino por bombas y obuses en el mortífero ataque de Israel a Gaza de hace un año. Los palestinos dicen que entienden el dolor de Haití.

Y es que como decía Evaristo Marcano en Rebelión: “El Ser de un país (cómo es), siempre aparece aunque hagan esfuerzo por disimularlo… El alacrán simplemente realiza un acto de los pocos que tiene “programado”. Y de nuevo el maestro Eduardo Galeano: “Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente”.

Mikel Arizaleta

ORRIALDE NAGUSIRA ITZULI

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